Posteado por:

REGISTRATE! es GRATIS!!
Me habÃan hablado de aquella maravillosa pieza que el humano poseÃa. Se llamaba hipotálamo. DecÃan que tenÃa poderes afrodisÃacos . Tan inalcanzable, tan interno, tan delicado que en el mercado de sangre, dedicado a los sedientos de ese maravilloso lÃquido, solo se obtenÃa en los puestos más selectos y solo algunos afortunados se podÃan permitir el lujo de obtener tal maravillosa pieza.
Yo ansiosa de probar esa exquisitez me informé bien del método para extirparla correctamente y no estropear tan exclusivo fruto humano. El procedimiento no era fácil por lo que probé a quitárselo a un desafortunado vagabundo que vi la noche anterior en el parque de Eldness.
Aquel viejo estaba tan ebrio que no hubo dificultad alguna el hecho partirle la cabeza contra el banco en el que estaba tirado. Amarré su cabeza y empecé a golpearla contra el respaldo del banco. Le abrà una brecha en la frente por la que empezó a salir sangre. No me detuve mucho, a mi la sangre con alcohol no es una cosa que me siente precisamente bien. Con los golpes no era capaz de abrirle la cabeza lo tiré al suelo, le di patadas y pisotones hasta que me harté y empecé a utilizar el martillo, creo que no fue la mejor solución puesto que varios pedazos de hueso se quedaron incrustados en los sesos, y yo preferÃa tenerlo limpio para que la práctica fuera más sencilla. El lÃquido cefalorraquÃdeo mezclado con la sangre saltaba con los golpes del martillo y me salpicaba. Un pedazo de hueso se me incrustó en la mejilla haciéndome una brecha, pero no tenÃa tiempo de hacer curas. Para poder realizar la práctica correctamente los sesos debÃan estar calientes. Sangraba como un cerdo, parecÃa increÃble que no hubiera muerto rato después de dejar los sesos al aire. Guardé aquella masa viscosa en un bote y regresé a casa.
Una vez en la cocina con el encéfalo manchando la mesa y yo con cuchillo en mano, me dispuse a realizar la práctica de extirpar el preciado fruto encefálico, que claramente no comerÃa de esta vÃctima puesto que llevaba una hermosa vida a base de alcohol y drogas. Para empezar me deshice de los pedazos de cráneo, posteriormente quité el cerebelo, con un corte limpio. En cuanto tuve los sesos entre mis manos, me dispuse a abrirlo, era preciso retirar los sesos y que el hipotálamo quedara en el medio. No era un proceso sencillo. El deteriorado cerebro consumió mi paciencia, y acabó estampado contra la pared. Dio la casualidad de que el golpe hizo esparcir la materia gris y el hipotálamo quedó en medio, intacto. Ese hecho hizo dibujar una sonrisa ligeramente diabólica en mi rostro. A pesar de ser un método poco ortodoxo, lo habÃa conseguido. Eso era lo importante. Me lavé la cara y me cosà la brecha con una aguja y un hilo que pululaban por mi habitación. Me dispuse a dormir, no tenÃa paciencia para sacar otro hipotálamo más por muy afrodisÃaco que fuera.
A la noche siguiente me dispuse a poner a prueba mi práctica. Una joven paseaba por la avenida principal cuando se topó conmigo y me preguntó donde habÃa una parada de taxis. Le comenté que no me importaba acompañarla, y ella me ayudarÃa a conseguir lo que buscara, aunque no fuera muy a su favor.
La llevé por el camino que a mi mejor me pareció, y como sabÃa que no estaba muy pendiente de donde estaba, más fácil. En un callejón próximo a mi morada, le corté el cuello. Aquel chorro de sangre, caliente y ligeramente espesa me manchó la cara, como a la mujer no la notaba precisamente ebria, me dispuse a degustar de aquel vicioso lÃquido del que me alimentaba. Me lancé a su cuello mientras ella convulsionaba y me pegaba patadas, ese gesto no me parecÃa agradable empecé a propinarle rodillazos en el estómago para que permaneciera quieta. Todo esto sin sacar mi boca de su cuello y mi lengua del orificio por el que salÃa la sangre. Notaba su pulso que cada vez iba a menos, como sus patadas en mi estómago.
Una vez el cuerpo sin vida de la muchacha cayó al suelo, agarré la mandÃbula inferior y tiré con la fuerza justa para descolocar una mandÃbula normal, pero fue tan sencillo que hasta un niño pequeño podrÃa hacerlo. SerÃa tal vez una de esas personas con "huesos de cristal". Ya que tenÃa los huesos frágiles, pasé el rato partiéndole las piernas con la tapa de un cubo de basura que estaba en una esquina. Una decoración de piernas preciosa, un morado digno de fotografiar acompañado de huesos que salÃan rompiendo la carne. Precioso. Introducirle la mano en el pecho, rompiéndole las costillas junto con el esternón, tampoco fue un trabajo duro. Una pena que su corazón tuviera zonas ligeramente necrotizadas. Los pulmones tenÃan una textura pastosa, tanto que intentaba cogerlos y se deshacÃan en las manos, no estaban precisamente sabrosos por lo que los dejé en el interior del tórax roto. No me pude explicar cómo esta mujer tan atrofiada podÃa mantenerse en pie. Decidà arrancarle la cabeza para llevármela a casa y poder quitarle los ojos bonitos que tenÃa para mi hermoso bote de ojos bonitos, a parte de que el cráneo mantendrÃa caliente los sesos. La palma de mi mano izquierda tocaba la zona parietal mientras mi pulgar y meñiques la zona temporal, con un giro de muñeca y un delicioso crujido hizo que la cabeza cediera y colgara del cuello, el cual me dispuse a acabar de cortar con mi navaja. Dejé a la mujer decapitada en el callejón, con el tórax abierto y las piernas amoratadas, rotas y ensangrentadas. Que suerte el que se encontrase esa mañana con semejante panorama.
Una vez en mi casa, le afeité la cabeza y quité los ojos con cuidado de que los humores no saliesen y por lo tanto no fueran válidos para mi bote de ojos bonitos. Aprovechando su fragilidad ósea me permità el lujo de partirle la cabeza con las manos a base de palmadas. A esta mujer la podrÃan matar de una colleja. Me abrà paso a través de la piel con un cuchillo y quité los pedazos de hueso que pululaban por el cerebro a causa de las palmadas. Hice el hueco suficiente para poder quitar el cerebro sin problema alguno. Cuando cogà los sesos, todavÃa estaban calientes, lo cual era más fácil para sacar el hipotálamo. Cuanto más caliente mejor, obviamente te tenÃa que comer crudo. Empecé quitando de los lados, sesos que se deshacÃan en mis manos y algunos pedazos no podÃa evitar meterlos en la boca. Una vez llegado a la zona lÃmite, quité con sumo cuidado los restos de seso que quedaban pegados al hipotálamo.
Una vez que lo vi, lo introduje en mi cavidad bucal. En cuanto estableció contacto con mi saliva empezó una fantástica e inesperada orgÃa en mi boca. Era orgásmico, incomparable a nada que hubiera probado antes. Ahora que ya lo probé sacié mi curiosidad, aunque eso no era suficiente para poder fallecer tranquila. DeberÃa matar a más personas, muchas más, alimentarme de sus jugos y su carne, lamerles su ensangrentada cara, seguir coleccionando ojos bonitos y destrozarles el cuerpo a base de pisotones y golpes.
Nota de la asesina/autora: Obviamente no se han realizado estudios de que el hipotálamo tenga poderes afrodisÃacos, pero en mi mundo idealizado, sádico y sangriento sÃ, por esta razón escribà esta historia. Espero que os guste mis queridos lectores sedientos de sangre y sufrimiento ajeno
Información del Post

3095 Visitas0 Favoritos 15 Puntos
Creado el: 22 de Mayo, 2011. 05:50:47 pm
Categoría: Libros
Tags: Este post no tiene tags
Creado el: 22 de Mayo, 2011. 05:50:47 pm
Categoría: Libros
Tags: Este post no tiene tags
Agregar a:

